domingo, 28 de noviembre de 2010

los fantasmas del Gran Bijou (V)

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Por las pantallas del Gran Bijou de la calle Cuenca, pasaron glorias del cine internacional. Don Isabelino Espinosa recuerda a John Barrymore, Rin Tin Tin, Johny Weissmuller, Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco), Tom Mix, entre tantos otros.

Pero, como era común en las salas de barrio, no todo eran películas. Las salas de cine barriales albergan otros espectáculos y ceremonias. Don Isabelino Espinosa recuerda, circa 1933, al elenco del programa radial “Chispazos de tradición” (escrito y dirigido por Andrés González Pulido) que teatralizaba los capítulos diarios de la radio, para satisfacción de la barriada que llenaba la sala para conocer a las personas detrás de las voces.

Ahora, si lo de ustedes era el policial, sin dudarlo que vieron, para la misma época, a Roberto Salinas y Ema Bernal en “Las aventuras de Carlos Norton”, con sus capítulos “El alarido” y “El misterio del ojo de vidrio” presentados en el Gran Bijou.

O, si sigue siendo un incrédulo, acérquese a ver al asombroso mago Ingo quien, ante la vista del público, se metía en una caja de madera, debidamente cerrada con cadenas y candados, escrupulosamente sellada y lacrada. El amenazador sarcófago se trasladaba hacia el hall del Gran Bijou donde quedaba en exposición durante toda la semana. Tras ese lapso, se devolvía la caja al escenario, se rompían los sellos, se abrían los candados, se retiraban las cadenas y el gran Ingo, ¡increíblemente!, reaparecía, sin mácula alguna.

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En el Gran Bijou, también, solían hacerse los actos de graduación de los colegios de la zona o, en Carnaval, actuaban las comparsas del barrio. Pero nada como lo que sucedió el sábado 20 de septiembre de 1931 cuando los dueños del Gran Bijou anunciaron que pasarían la filmación del partido San Lorenzo 2 – Boca Juniors 0 que se había jugado días antes en la cancha de Boca (que, como bien me lo corrigió don Isabelino, en un borrador previo, todavía no era la célebre Bombonera). De más está en decir que no eran épocas de codificados ni de Fútbol para Todos por lo que, aquel que no fuera a la cancha, no veía el partido.

Ese sábado, los vecinos de Villa del Parque llenaron la sala, a la espera del gran partido, sin importarles que ya conocían el resultado y que el partido era, a esa altura, historia antigua. La proyección del partido que estaba pautada para las 15 horas, se atrasó. Primero debieron contentarse con la platinada fatal, Jean Harlow en “Ángeles del infierno”, un capítulo del Tarzán de Johnny Weissmuller y recién ahí, las primeras imágenes del partido, con el primer gol de San Lorenzo al minuto de juego.

Luego, diez minutos más de partido y… la placa de “Fin”.

La gente empezó a silbar, pidiendo los 80 minutos restantes. Un empleado del cine trató de explicar que eso era todo, pero se tuvo que ir ante las protestas. Silbidos y zapateos sirvieron de prólogo a las plateas arrancadas revoleadas sin ton ni son, signo evidente del enojo de los espectadores ante el timo organizado.

A duras penas, el Gran Bijou sobrevivió a esa tarde.

Pero no fue por siempre. Con las altas y bajas que afectaron la vida de otras salas barriales, el Gran Bijou cerró sus puertas una noche y nunca más volvió.

Los fantasmas de los actores que poblaron su pantalla, arrumbados entre los pliegues del telón azul, durmieron su sueño de aplausos y silbidos y risas y llantos. Y un día, llegó el turno de desmontar el cine y transformarlo en otra cosa.

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Hoy, mientras recorren las góndolas del autoservicio chino que existe en su lugar, entrecierren los ojos por un momento y traten de imaginar, la sala, la escalera, la platea alta y los pasillos, adivinen la luz de la linterna de Salvador Nicosia señalando la butaca y, dejando una propina a la nostalgia, cuélguense de una soga, volando como el Capitán Blood sorteando los cañonazos sobre cubierta, desbaraten un nido de ametralladoras enemigas como el Sargento York o muerdan los largos cuellos blancos de las vírgenes trémulas hasta que brote la sangre en un suspiro orgásmico.

Sonrían por un momento y sigan empujando su changuito. Son los fantasmas del Gran Bijou, que no descansan en paz…



FUENTES:

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Sobre “Una nueva y gloriosa nación”:
Ficha de la película:
http://www.imdb.com/title/tt0018758/

Mención en “Historias y leyendas del Cine Argentino” (ENERC):
http://www.enerc.gov.ar/fondoeditorial/pdfs%202009/ENERC_FE_Historia_y_Leyendas_del_Cine_Argentino_01.pdf

Una interesante recopilación historiográfica en “La ausencia de la Historia Argentina en el cine nacional” por José Fuster Retali:
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/fuster_jose/historia_argentina_cine.htm

Fotos de “El cinematógrafo. Espejo del mundo” de Julián de Ajuria (Editorial Kraft, 1946):
http://www.facebook.com/album.php?aid=300031&l=a744cfaa04&id=163209071420

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Sobre Francis X. Bushman:
La ficha en IMDB:
http://www.imdb.es/name/nm0124279/

Su artículo en Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Francis_X._Bushman

Foto de su tumba:
http://www.findagrave.com/cgi-bin/fg.cgi?GRid=2095&page=gr

Un muy completo artículo en “Examiner” (San Francisco) de Thomas Gladysz:
http://www.examiner.com/silent-movie-in-san-francisco/francis-x-bushman-king-of-the-movies-revealed-new-book

Fotogalería de Bushman:
http://silentladies.com/PBushman.html

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Sobre Jacqueline Logan:
La ficha en IMDB:
http://www.imdb.es/name/nm0517574/

Su artículo en Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Jacqueline_Logan

Fotogalerías de Logan:
http://silentladies.com/BLogan.html

http://www.fanpix.net/gallery/jacqueline-logan-pictures.htm

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Sobre el Cine – Teatro Gran Bijou:
Las notas de don Isabelino en la revista barrial:
“Cine – teatro ‘Gran Bijou’ de Villa del Parque” de Isabelino Espinosa, publicado en “Su revista” (nros, 161 – 162, junio / julio de 2006).

(Gracias don Isabelino!)

sábado, 27 de noviembre de 2010

los fantasmas del Gran Bijou (IV)

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“Una nueva y gloriosa nación” fue una rara perla en la cinematografía argentina. Si la historia nacional estuvo presente en el primer filme de nuestra industria, con el “Fusilamiento de Dorrego", “Una nueva…” se considera el primer filme nacional épico en serio, teniendo en cuenta las limitaciones técnicas y presupuestarios de los antecedentes previos.

La película es un regalo de Julián de Ajuria al país que le dio cobijo. El vasco Ajuria se había hecho millonario con la distribución de películas en Argentina y, en agradecimiento al país que le dio un futuro, produjo una película que exaltara las glorias de las jornadas de Myo. Para eso, no se fue en chiquitas: produjo el filme en Hollywood, con los mejores recursos que pudiera dar el cine mudo de esa época. Estamos hablando de 1928 y el elenco, con Francis Bushman a la cabeza, dice a las claras que no escatimó en gastos. En el post de ayer vimos que, en ese momento, Bushman era el rey de las películas del cine mudo. Su cachet no fue, seguramente, barato.

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“Una nueva y gloriosa nación” contó con guión de W. C. Cliford sobre la idea del propio Ajuria y Garret Graham escribió los títulos (indispensables en tiempos del cine no sonoro). Albert H. Kelley fue el director (con una carrera sin trascendencia, con varios cortos y películas deportivas en su filmografía que terminaría en 1953; murió en 1989, en Los Angeles).

El argumento estaba “libremente” inspirado en los hechos históricos argentinos. El héroe era Belgrano quien luchaba como espía contra el gobierno colonial español del Virrey Cisneros. Belgrano estaba enamorado de Mónica Salazar, hija de un general leal, quien por simpatizar con la causa de la independencia (y pasar información a los patriotas) es condenada a la guillotina. Pero Belgrano la salva, liderando una carga de gauchos, liberando al país, todo en uno, como un héroe que se precie de tal. Finalmente, cuando el país es libre, se casan. (¿Cómo no comparar al héroe del celuloide con el Belgrano histórico, el hombre de voz aflautada que provocó la carcajada de Dorrego con reto de San Martín incluido, padre de hijos no reconocidos y dueño de un cuerpo jaqueado por la sífilis contraída en su juventud?).

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Pese a las licencias del argumento, “Una nueva…” fue una película muy sólida dentro del estilo de las películas del cine mudo y se destaca, aún hoy, tantos años después, por la fidelidad con la que Francis X. Bushman encarnó al creador de nuestra bandera. Los planos del rostro de Bushman evocan la iconografía clásica de Manuel Belgrano. Más aún con la experiencia, más cercana en el tiempo, “Bajo el signo de la Patria”, película dirigida en 1971 por René Mugica con Ignacio “Nacho” Quirós en el rol del héroe que estaba muy distante del original. (¿No se acuerda de esa película. Cliquee a continuación y véala entera):

Link: Bajo el signo de la patria


Una última perla: “Una nueva y gloriosa nación” también es conocida, en las bases de datos internacionales de cine, como “The Charges of the Gauchos” (“La carga de los gauchos”).

La película está, hoy en día, perdida. Hubo un intento de “reconstrucción” de la misma, subida a youtube:



Este video reúne imágenes del libro “El cinematógrafo. Espejo del mundo” de Julián de Ajuria que escaneamos y reunimos en el siguiente álbum en Facebook:

http://www.facebook.com/album.php?aid=300031&l=a744cfaa04&id=163209071420

(finaliza mañana)

viernes, 26 de noviembre de 2010

los fantasmas del Gran Bijou (III)

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Francis X. Bushman tuvo toda la fama que un actor puede tener. Considerado el hombre más guapo del mundo, con un pasado juvenil de modelo y fisicoculturista, Bushman se convirtió en el rey de las películas mudas. Filmó más de doscientas películas, 175 de ellas antes de 1920, entronizándose con el éxito de 1925, Ben-Hur. El siguiente video es la célebre escena de la carrera de carros:



Bushman ganaba lo que quería y gastaba lo que quería también, por eso estaba, permanentemente, al borde de la bancarrota. Tenía el mundo a su pies, cuando filmó “Una nueva y gloriosa nación”. De un año antes, es este corto “La bandera: una historia inspirada en la tradición de Betsy Ross”.



Bushman se casó cuatro veces y fue padre de seis hijos, pero el estudio le ordenaba mantener oculta su vida privada, para que sus fanáticas mantuvieran sus fantasías con el actor. Cuando las noticias de su vida se dieron a luz, su carrera empezó a resquebrajarse. Pero lo que verdaderamente destruyó la carrera de Bushman fue que ingresó a la lista negra de Louis B. Meyer por motivos no aclarados por sus biógrafos. La carrera del rey de las películas mudas se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

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Si bien Bushman no recuperó el cetro perdido, siguió actuando hasta su muerte en 1966. Puede descubrírselo en capítulos de “Dr. Kildare”, “Perry Mason”, “Viaje al fondo del mar” (trailer del capítulo acá: http://www.youtube.com/watch?v=gZgnGuJFxyM) y, poco antes de su muerte, en dos capítulos del “Batman” televisivo, encarnando a Mr. Van Jones, un coleccionista de películas viejas que organiza un festival de cine mudo.

Él fue el elegido para interpretar al General Belgrano en “Una nueva y gloriosa nación”, logrando un parecido a los retratos tradicionales de nuestro héroe, maravillosamente fiel, superando con creces al posterior desempeño de Nacho Quirós en “Bajo el signo de la Patria”.

Link: Bajo el signo de la patria


Su partenaire en “Una nueva y gloriosa nación” fue Jacqueline Logan, otra estrella del cine mudo. Logan era una tejana que, muy joven, emprendió el desafío de los escenarios, mintiéndole a su familia y falseando su edad para ser contratada. Fue una chica Ziegfield y modelo en Nueva York. Cuando saltó a las películas, sus comienzos registran una película (“El crimen perfecto”) con una adolescente rubiecita que alcanzaría fama con otro nombre, Carole Lombard (una de las celebridades cuya foto ocuparía el hall del Gran Bijou).

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Logan fue una de las invitadas al Oneida, yate del multimillonario William Randolph Hearst (o su alter ego, el Ciudadano Kane), en noviembre de 1924, viaje que se hizo célebre porque terminó con un escándalo, con la muerte del actor Thomas P. Ince. Oficialmente, Ince murió de un infarto, pero la prensa amarilla filtró a los titulares otra versión: Hearst le pegó un tiro a Chaplin que tenía un romance con la estrella del cine mudo Marion Davies (amante de Hearst), bala que recibió Ince. El escandalete estuvo en boca de todos los medios y nada pudo probarse, tras la rápida cremación del cadáver de Ince. Sospechosamente, otra invitada del yate, Louella Parsons (non plus ultra del periodismo chimentero hollywoodense) bajó del barco con un contrato de por vida en los medios gráficos del magnate.

Volviendo a Logan, ella alcanzó su momento cumbre, un año antes de “Una nueva y gloriosa nación”, cuando Cecil B. De Mille la eligió para el papel de María Magdalena en la versión de 1927 de “Rey de Reyes”. Una escena de esa película puede verse en:

http://www.tcm.com/mediaroom/index/?o_cid=mediaroomlink&cid=246932

El cine sonoro no fue un obstáculo para ella, pero Logan prefirió expandir sus horizontes, marchó al teatro inglés y triunfó con un par de películas pero como guionista y directora. Volvió a Hollywood, para darse cuenta que no la contratarían como directora. No eran tiempos para las mujeres detrás de las cámaras. Eso puso punto final a su carrera, reforzado por su casamiento en 1934. Tras su divorcio en 1947, se convirtió en una líder política conservadora. Y tuvo tiempo para un pequeño papel, en 1973, interpretando a la Sra. Donovan de “Secretos de un vendedor de puerta a puerta”. Diez años después, moría en Florida.

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Logan interpretaba en “Una nueva y gloriosa nación” a la hija de un general leal de quien se enamora Belgrano en su lucha por la independencia de estas colonias españolas. Como se verá, un guión con mucho rigor histórico. En la historia aparecía Saavedra (a cargo de Charles Hill Mailes, un escocés que murió poco tiempo después, en 1937, con casi 300 películas realizadas) y Moreno, papel que contó con la actuación del florentino Gino Corrado quien tuvo una larga carrera en Hollywood, con actuaciones en “Casablanca”, “El Ciudadano”, “Rebeca”, “El gran dictador”, “Viñas de ira”, “Lo que el viento se llevó”, “Sangre y arena”, casi siempre en papeles menores, muchas veces sin aparecer en los créditos finales. Una de esas películas es “Down Argentine Way”, un seguro bodriazo con Don Ameche, Carmen Miranda y Betty Grable, donde compartió elenco con Paul Ellis, el hombre que hizo de Balcarce en “Una nueva…”. Su última película fue en 1954; murió en 1982, la víspera de Nochebuena, en Los Angeles.

(continúa mañana)

jueves, 25 de noviembre de 2010

los fantasmas del Gran Bijou (II)

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El año de 1928 fue bisiesto. Y el sábado 26 de mayo, a la hora de la siesta, era posible ver a la multitud que se apiñaba frente al edificio de la calle Cuenca 2734, llenando la calle que va de Baigorria a Nogoyá. La razón: la inauguración de un nuevo cine.

Orestes Schenone era el dueño del “Fénix” de Flores y ahora se animaba a poner un pie en Villa del Parque con un cine con pretensiones. Escalera de mármol de Carrara blanco a la derecha, para llegar a la platea alta (a) “el gallinero”; alfombrados rojos como las paredes, estos con el agregado de un borde dorado; cielorraso en óvalo blanco; techo corredizo; iluminación de 500 lámparas Phillips; telón azul con vivos dorados; palcos, uno de ellos para el pianista que musicalizaba en vivo al costado de la pantalla. En el hall, grandes fotos de las estrellas de Hollywood: la Garbo, Chaplin, Dietrich, Gloria Swanson, Carole Lombard.



Se abrieron las puertas y, alrededor de las 15, empezó la primera sesión en el nuevo cine parquense, el “Gran Bijou”. Arrancaron con “El yanqui” con Harold Lloyd, seguida de la de miedo, Lon Chaney encarnando a “El Fantasma de la Ópera”.



El gran final, el estreno de una producción estadounidense atípica: “Una nueva y gloriosa nación”. Filmada en Hollywood, el héroe de la historia no era otro que el General Belgrano, encarnado por un astro del cine mudo, Francis X. Bushman.

(continúa mañana)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

los fantasmas del Gran Bijou (I)

Villa del Parque me adoptó en 1997, cuando me mudé a la calle Concordia, a unas veinte cuadras de la estación, cerca del complejo habitacional conocido como “El Hogar Obrero” (bautizado así por la cooperativa socialista que financió su construcción en los ‘60). Pronto entablé relación con muchos vecinos, la mayoría con mucho pasado en el barrio. Pero entre todos los personajes que conocí en Villa del Parque, ninguno como don Isabelino Espinosa, un vecino que vive a un par de puertas de mi casa.

Apenas mudado al barrio, una tarde estaba escuchando un CD con temas de Agustín Magaldi (que integraba una colección tanguera publicada semanalmente). Por la ventana que da a la calle, vi pasar a un hombre que iba para un lado, para el otro, se paraba, miraba a la casa y volvía a pasar. No pasaron tres minutos y tocó el timbre. Se presentó: era el vecino de dos casas para la derecha y le había llamado la atención que estuviera escuchando a Magaldi de quien se confesó admirador.

Y ahí empezó a contarme una historia sobre Magaldi.

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Como sospecharán, el señor no era otro que don Isabelino y fue abrir la puerta del túnel del tiempo, porque don Isabelino vino al barrio siendo muy pequeño y, con sus primeros 90 años cumplidos, recuerda cada detalle de Villa del Parque. Sin apuntes a la mano, desfilarán por sus recuerdos los clubes de fútbol del barrio y el lugar que ocupaban sus canchas; los hornos de ladrillos que permanecían encendidos como luciérnagas en la noche de quintas y huertas; el arroyito sucio que bajaba por la calle Villardebó; la maldición del Castillo de la calle Campana; los colectivos que pasaban por la calle Cuenca y mucho, mucho más.

Don Isabelino es periodista, dibujante, historiador. Preside la Junta Histórica del barrio, escribe o escribió para infinidad de revistas barriales, creó el Escudo oficial del barrio que está emplazado (entre otros puntos) en la plaza principal del barrio en Cuenca y Baigorria, primer historiador que contó una historia completa del Castillo de los Fantasmas, escribió el tango “Villa del Parque” y si sigo contando los proyectos que tiene en cartera, no va a alcanzar este post. Tal vez se puedan dar una idea de todo lo que sabe y todo lo que vivió, consultando su blog:

http://isabelinoespinosa.blogspot.com

y su página en Facebook:


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Y fue él, justamente, quien me contó la historia que empezaremos a desarrollar desde mañana, las glorias de la inauguración de un cine y de un estreno mundial con un astro del cine mudo norteamericano de aquellos tiempos.

No se muevan de sus asientos. Mañana, a la misma hora y en el mismo baticanal, “Los fantasmas del Gran Bijou”.

(continúa mañana)

(Ésta es la primer nota de una serie de cinco sobre el cine Gran Bijou que existía en la calle Cuenca, además de un ostensible homenaje a don Isabelino, publicado en "Libreta Chatarra" (http://libretachatarra.blogspot.com))

lunes, 15 de noviembre de 2010

- APUNTES PARA LA HISTORIA DE VILLA DEL PARQUE -


Villa del Parque es uno de los grandes barrios integrante de nuestra querida Buenos Aires. Su origen es ignorado por muchos de sus pobladores que hoy admiran su moderna fisonomía, todo lo bueno y hermoso que ha traído el progreso, olvidando tal vez, los inicios de esta popular barriada. Remontándonos al pasado, mucho antes del adoquín y el asfalto, hurgando en el tiempo viejo de nuestra porteña ciudad, nos enteramos de los límites que esta zona tenía a principios de este siglo: al norte estaba situada Villa Devoto, al sur el barrio de Santa Rita, al este el Parque del Oeste también llamado Parque de la Agronomía, del cual posiblemente derive el nombre del Villa del Parque.

En 1906 y 1907 la firma inmobiliaria Guerrico y Williams realizó el remate del primer loteo de tierras ubicadas sobre la Avenida San Martín. Años más tarde, exactamente el 17 de octubre de 1920, el martillero José Bacigaluppi con domicilio comercial en San Martín, 56, remataba 96 lotes situados frente a las calles Santo Tomé, Arregui, Concordia y Orán (Emilio Lamarca). El precio base era de 5 pesos por mes el lote en 100 mensualidades.

La publicidad de aquella época decía “Barrio moderno de la Capital con 100 trenes diarios que emplean 18 minutos de Retiro… a 10 cuadras de los tranvías 85 y 86 en combinación con el subterráneo que corren por la Avenida San Martín…”.

Los compradores de esos lotes fueron auténticos pioneros y “colonizadores” de aquella zona y aquí están sus nombres: José Caggiano, Manuel Blanco, Tomás Espinosa, José Canibe, Salvador y Santo Di Bella, Antonio Crescente, Salvador Livolsi, Juan González, Celeste Di Biaggi, Roque Emilio, Juan Stracquadaini, José Lateano y Pedro Eluchanz.

Eran tiempos “bravos” y los vecinos vivían inquietos y preocupados por el auge de la delincuencia que se aprovechaba la escasa vigilancia existente. Después de la inauguración de la Estación Villa del Parque del Ferro Carril Pacífico (F.N.G. San Martín), el barrio fue creciendo sin pausas.

En 1922 un grupo de muchachos entusiastas con mucha fe e idealismo, se dieron a la tarea de fundar un club con el nombre de Gimnasia y Esgrima con sede en la calle Tinogasta junto a las vías del ferrocarril y muy cerca de la estación.

Dos años más tarde acaeció otro hecho importante, se ponían en servicio las líneas de tranvías 83 y 84. La primera llegaba hasta el Cementerio de Flores y la segunda hasta Plaza Constitución. El Punto inicial del recorrido fue la calle Cuenca, casi esquina Nazarre, donde también tenía su parada las líneas de ómnibus La Central y La Titania que nos acercaban hasta el centro de la ciudad.

Recordamos también a otras líneas de transporte que cruzaron la zona de nuestra villa; La Internacional, Autobús Argentina, Ibero Americana, La República, Río de la Plata, Columbia Autobús, General Pueyrredón, Vélez Sarsfield, Almafuerte, La Palma, General Artigas, la Porteña y Mariano Moreno.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Tragedia y Misterio en el Castillo (VII)

COMUNICACIONES AMOROSAS ENTRE LUCIA Y ANGEL

Las comunicaciones amorosas entre Lucía y Ángel en aquellos primeros años del siglo XX, se efectuaban utilizando los primitivos aparatos de la recordada empresa "Unión Telefónica", mediante la acción de una operadora que obtenía finalmente el llamado.

Al mismo tiempo lo hacían por intermedio del envío de la correspondencia a través del correo, y con tal sistema intercambiaban románticas cartas en las cuales expresaban su mutuo amor, logrando también hacerlo luego con la aparición en la vida porteña de entonces, de un nuevo elemento sentimental y emotivo: La tarjeta postal, confeccionada con una fina y delicada cartulina, donde generalmente se admiraba la presencia de una pareja de enamorados, en una figura elegante y esfumada, mientras que en otras parecía un bello paisaje o hermosas flores integrando una llamativa imagen por sus distintos colores. Esa era una común forma de expresión de la época.

Con el paso de los años esas fotografías se fueron transformando en un cúmulo de nostalgias y melancolías, de recuerdo y añoranzas.

En el anverso de cada tarjeta se colocaban las leyendas escritas. Lucía y Ángel lo hicieron durante su noviazgo, pero también los padres de ambos entre sí, se enviaron saludos de Navidad y de fin de año, una costumbre de la comunidad de aquel tiempo, y por lo tanto no extrañaba su práctica generalizada. Estas postales se escribían casi siempre con el solo objeto de hacerse presente en determinados momentos y con el anhelo de ser recordado y además tenido en cuenta afectivamente: "Lucía, nunca podría olvidarme de tí". Ángel. "Bien sabes mi amado Ángel que eres el hombre de mi vida", Lucía. Sus progenitores a su vez, expresaban: "Estimados don Rafael y señora Vittoria; aquí se los recuerda muy afectuosamente. Muchas felicidades para este año 1911", Familia Lemos López Fernández. "Muy apreciados don Manuel Lemos y señora María López Fernández; Nuestros mejores deseos de felicidad para ustedes, para la Navidad y el próximo Año Nuevo", Familia Giordano D' Olivi. Ese era el lenguaje postálico de aquellos lejanos días en nuestra querida ciudad de Buenos Aires, y que hoy seguramente, se lo considerará, ridículo, cursi e inadecuado.

VILLA DEL PARQUE EN 1910

El barrio por esos años era prácticamente campo, ocupado por innumerables quintas de verduras, y apenas aparecían delineadas sus primeras calles con piso de tierra. Sus habitantes no eran muchos, y poseían como medio de transporte fundamental, el ferrocarril. Poco después se inauguraron las líneas de tranvías Nros. 85 y 86, uno con destino a la zona de Caballito y la restante a Plaza de Mayo.

Uno de los primeros vecinos de la zona parquense fue don Antonio Cambiasso. Había instalado una quinta entre las calles Llavallol, Helguera, Nogoyá y Santo Tomé. Era además dueño de otra similar ubicada en Orán, Madrid (San Nicolás), Baigorria y Nogoyá. Por esos tiempos la escuelita rural "Dr. Antonio Dellepiane", que funcionaba en un modesto local del Camino a San Martín (Av. San Martín) fue trasladada a la calle Pedro Lozano 3274 entre Cuenca y Campana (hoy en la calle Baigorria entre Helguera y Cuenca). Un pionero del barrio, don Maximiliano Zalper, hizo construir uno de los edificios más importantes en la esquina formada por las calles San Roque (José Pedro Varela) y Helguera. El núcleo de vecinos que había creado la primera Sociedad de Fomento, trabajaba con entusiasmo para lograr el pavimento de calles, plantación de árboles, nuevos medios de comunicación y la instalación de pasos a nivel en las vías ferroviarias. Villa del Parque comenzó a crecer.

..Y LLEGÓ LA NAVIDAD

Finalizaba el año 1910, en el cual habían ocurrido una serie de acontecimientos casi irrepetibles, y la población de Buenos Aires se aprestaba a festejar la tradicional Navidad católica. "Feliz Nochebuena" eran las dos palabras que se oían con frecuencia en la víspera de la fiesta navideña. La gente se preparaba con entusiasmo para la ocasión adquiriendo confituras importadas y de origen nacional: champagne "Pommery", aperitivo "Fernet-Branca", vinos "Calvet", "Cordero" "Woodhouse". Cervezas "La Africana" y "Pilsen-Bock", también determinados alimentos adecuados al festejo.

Al puerto porteño llegaban barcos repletos de inmigrantes de distintas partes del mundo, cerca de 8.000 descendían al grito de "Feliz Navidad", en sus respectivos idiomas. Muchos viajarían luego al interior para efectuar trabajos agrícolas y en los ferrocarriles "Central de Buenos Aires", "De Entre Ríos". "Andino". "Del Sud" y "Pacífico". Aquí se les ofrecía ocupación y la paz que ellos tanto necesitaban.

En el sorteo realizado por la Lotería Nacional el día 24 con un premio de un millón de pesos, resultó favorecido del número 4949. Pocas jornadas después, haría su aparición el nuevo año, esperado con mucho entusiasmo e ilusiones por todo un pueblo, anhelante de felicidad y buenas perspectivas, en un país como la Argentina, donde con la colaboración de todos podría transformarse en el más próspero de Sudamérica.