miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tragedia y Misterio en el Castillo (VIII)

LOS PREPARATIVOS PARA LA BODA

Transcurría el mes de enero de 1911 y la fecha establecida para el casamiento de Lucía y Ángel había sido fijada para el sábado 1º de abril de ese año. La recepción se realizaría en el espléndido y gran edificio de la calle Campana de Villa del Parque, muy cerca de la estación ferroviaria.

De común acuerdo las dos familias, que por otra parte mantenían muy buenas relaciones, efectuaron las invitaciones de rigor, y al mismo tiempo tomando nota de todo lo necesario para dicha ocasión.

El Castillo por ese entonces permanecía vacío por disposición de su propietario don Rafael Giordano, feliz en la oportunidad y arrepentido de haber dispuesto su venta que no se concretó dos años antes. La situación ahora era distinta, afortunadamente, y con su futuro consuegro don Manuel Lemos decidieron planear en primera instancia el moblaje (que correría por cuenta de ambos), de cada uno de los ambientes de la hermosa residencia. Comenzaron por asesorarse en tal sentido consultando a empresas dedicadas a esos menesteres. Luego de recorrer una buena cantidad de comercios de la Capital, solicitando catálogos, presupuestos y condiciones de venta, cotejaron la calidad y los precios de los elementos que deseaban adquirir, llegando a la siguiente conclusión: Muebles y tapicería (Pastore y Pino) de la calle Cuyo (Sarmiento) 1446/48. Artículos de bazar, cristalería, loza, porcelana (La Gran Despensa), calle Artes (Carlos Pellegrini) esquina Bartolomé Mitre. Estufas, calentadores y fonógrafos (Cassells y Co.) Florida 43. Relojes eléctricos (Casa Barlow) Florida 484. Pianos e instrumentos musicales (Breyer Hermanos) Florida 49.

Concretadas las respectivas compras en poco tiempo, todos los ambientes de la mansión parquense quedaron equipados, reflejando elegancia, categoría y buen gusto. Catálogos, pedido de compras, recibos de venta y datos complementarios, fueron recopilados en su momento para la historia, después, tal vez, no se le dio el real valor que esa documentación tenía, y se fue perdiendo a través de los años. Solo han quedado para la posteridad, relatos y anécdotas transmitidas por quienes fueron protagonistas de hechos verídicos, a sus descendientes, y estos a su vez los documentaron en su gran mayoría, para que en una eventualidad futura, existiera la posibilidad de escribir la verdadera leyenda del misterioso y legendario Castillo de Villa del Parque.

SABADO 1º DE ABRIL DE 1911

Finalmente llegó el día esperado, sábado 1º de abril de 1911. Los vecinos de entonces lograron admirar la silueta del edificio que presentaba en esa singular jornada un aspecto imponente, hermoso, cautivante. Se habían cuidado hasta los más mínimos detalles. Todo era exactitud y esmero, pulcritud y gusto refinado, quizás por la excelente organización del personal especializado que se contrató para tal ocasión.

Fueron transcurriendo las horas, durante las cuales se había cumplimentado por la mañana la correspondiente tramitación en el Registro Civil para la concreción del enlace. Entrada la noche comenzaron a llegar los invitados. La mayoría, ostentando la conocida vanidad humana, lo hacían orgullosos a bordo de lujosos automóviles con un evidente deseo de competir y triunfar ante los ojos de sus amistades y la demás gente.

Las famosas marcas de coches de aquel tiempo llevaban estos nombres: "Renault Fréres E-M-F 30", "Columbia", "Maxwell", "Courier", "Standard-Dayton". La conducción de los mismos estaba a cargo de choferes uniformados con vistosas chaquetas, gorras elegantes, guantes blancos y calzando lustrosas polainas de cuero. Cada uno de esos servidores representaba de alguna manera el poderío económico de sus patrones.

Luego de iniciarse la fiesta, el bullicio y la alegría hacían sentir su presencia en todos los ambientes de la mansión. Los padres de los contrayentes saludaban y atendían con delicada cortesía a los concurrentes al festejo. A su vez, los "mozos" contratados para desempeñarse en la ocasión, cumplían adecuadamente con sus funciones específicas. Dos orquestas de distinto estilo amenizaban la importante reunión. Una denominada "Platz Grau", ejecutaba antiguos valses vieneses, mazurkas y alguna otra música de origen europeo en la sala principal. En otro sector del edificio un cuarteto de ejecutantes criollos titulado "Buenos Aires", integrado con bandoneón, guitarra, flauta y violín, interpretaba inspiradas y hermosas melodías porteñas.

Con la llegada de los novios la fiesta alcanzó su máxima expresión de algarabía y felicidad. En determinado momento, como si hubiese sido un convenio realizado de antemano, los concurrentes a tan grata y emotiva reunión solicitaron a los recién casados (muy buenos ejecutantes de piano y violín) algunos temas musicales del repertorio de ambos. Cortésmente accedieron a esos pedidos, y así se pudieron oír en esa noche festiva, la interpretación de Lucía y Ángel en armoniosos compases de bellas obras de famosos compositores, ante los vibrantes aplausos de los presentes.

No hay comentarios: